Lo que aprendí en MI ESCUELA por Pato Beltramino




De mis 25 años, pasé 11 ahí adentro... 8 horas de 24 que tiene el día...
No sé quién dijo que la escuela es un segundo hogar, pero sé que hablaba de la 6.041.

Ahí aprendí lo que enseñan en cualquier institución educativa y mucho más…

Aprendí el concepto de delito y pena en la salita de 5 con la Seño Gabi Martina, sin necesidad del Código Penal ni la Constitución, simple: agarrarse de los pelos con la Nachy está mal y el castigo es un buen rato mirando el rincón del aula. También aprendí el valor de la palabra “perdón”.

Pasé un feo medio año viviendo en Paso de los Libres, pero un día volví a pisar MI escuela y todos mis compañeros me esperaban en la puerta del aula con la Seño Lupe. Eso me enseñó que la amistad es muy grande, aunque esté envasada en muchos frasquitos chiquititos de cuadrille rojo y blanco.

Empezamos la primaria y ahí conocimos a la Seño Illi. Ella nos esperaba cada mañana en la puerta y al grito de “Pepoooona” se lanzaba sobre nuestros cachetes, así fue como aprendimos a gambetear y a esperar agazapados a que otro se convirtiera en víctima para poder entrar. Y mucho más adelante, aprendimos que leer los labios no era un invento para las películas.

En primer grado la Seño Adriana nos enseño a leer, escribir, sumar y restar, lo básico. Pero también nos explicó que el pánico que se desataba al llegar al final de una hoja se solucionaba si la girábamos y continuábamos del otro lado. Me río y recuerdo cuando aprendimos sorprendidos, gracias al Lichy, que si a “Mayor” le sacás la R… queda “Mayo”!!! Toda una revelación.

Supe lo que era la vergüenza extrema y el exilio obligatorio cuando la Seño Adelquis me paró afuera del aula por hablar, pero ese día también aprendí que siempre hay una embajada dispuesta a cobijarte… (secretito para los nuevos… queda en la cocina y mientras la Seño Gloria te prepara una leche calentita y tostadas con mermelada, la Seño Onelia te pregunta qué paso y va preparando el terreno para la repatriación). Qué alivio confesar esto 17 años después!

Por aquella época también recibimos un duro golpe, nos dejaba la Seño María Rosa y por primera vez estábamos tristes de irnos a casa más temprano.

Fuimos creciendo, empezamos a usar otras aulas, conocimos caras nuevas… y nuevas técnicas de persuasión. Sí, conocimos al Profe Dany y su silbato negro.
Aprendimos que nadie podía con nosotros, ni siquiera aquel reto que la Seño Mary nos daba con los brazos cruzados y la cabeza inclinada al cual obedecíamos cuando pequeños. Éramos ingobernables… hasta que se escuchaba que mil llaves tintineando en un bolsillo venían rápido por la galería ¡Eso era miedo! La Seño Alicia. Igual, siempre sospeché que era pura fama nomás y lo confirmé cuando nos preparamos para las Olimpíadas Matemáticas, esa fue la primera vez que aprendí que una maestra puede ser muy copada, de verdad. Dentro y fuera de la escuela.

Aprendí lo que es la constancia y me lo enseñó la Seño María del Carmen que finalmente logró que pintara… pero jamás, ¡jamás! logró que cosiera. Entendí el concepto de frustración tras no lograr convencer, al Profe Cefe primero y a Elcar después, de que me dejen hacer carpintería con los varones.
Supimos que no teníamos futuro en la actuación cuando dejamos de convencer al Profe Enri de que nuestros dolores de panza nos debilitaban tanto que no podíamos levantar una azada. Aprendimos ser músicos con la Seño María Teresa, primero el toc-toc y después la flauta dulce, y nadie jamás olvidará el recitado de El Toro que se mandó el Ricky Montiel un día.

La Seño Gabi nos dio una nuestro primer cambio de perspectiva, sin líneas que nos contengan y nos enseñó que un simple garabato con un fibrón podía transformarse en lo que quisiéramos ¡nuestra imaginación era el límite!

Sin lugar a dudas la Seño Claudia nos enseñó lo que era la creatividad… mínimo 7 coreografías distintas por año!! Y ahora hablan de “coachs”… ¡pero qué tupé!

Empezamos el polimodal, fuimos los conejillos de india y los diseñadores del uniforme (sí, a nosotros los insultos de aquellos a quienes no les siente el verde). Ya éramos grandes, no correspondía que acudiéramos a Selva por un té sanador o a Ramona para que escuche, de forma cómplice, nuestras quejas. Nos podíamos cuidar solos. Por lo menos eso creímos hasta que adelantamos el reloj como 45 minutos en la clase de Silvia Valdemarín, al otro día conocimos lo que hacía un preceptor.
También apareció una persona a la que llamaron “tutora”, ella nos iba a escuchar y ayudar si teníamos problemas, era nuestra consejera, con la que siempre podíamos contar… pero eso no fue ninguna novedad, ya la conocíamos y ya sabíamos lo que hacía, estaba con nosotros desde chicos: la Seño Pato.

Con Adriana Imhoff conocimos Cerro Colorado ¡cómo olvidar ese viaje! ¡Qué rico el arroz con salsa que nunca nos gustó! Con la Profe de Química conocimos la Barbie inteligente y la Susi Rogido nos llevó a la plaza el último día en la Neuquén, cuando decidimos que nos íbamos a “escapar de la escuela”…

Por todos estos recuerdos que viví junto a mis compañeros, por los que nos precedieron y por todos los que se van a vivir entre esos ladrillos; por lo que es la 6.041 (y todos los que SON la 6.041), porque para todos los que por ella pasamos es MI ESCUELA…
…y principalmente por todo lo que yo soy gracias a esta escuela…
...aprendí lo insignificante que es la palabra GRACIAS!!!



                                                                                  Pato Beltramino
                               (que para no perder la costumbre, está llorando mientras relee, jajajaja)
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